Medellín, una ciudad invalida, ayer perdió toda su movilidad
al quedar paralizada por un OVNI en el firmamento que fué capaz de hacer lo que
los colombianos son incapaces de hacer con el salario mínimo, sostenerse por
seis horas.
Las calles hacían pensar que sería necesario extender el
pico y placa a los Sábados porque un interminable taco mental taponó las vías,
por primer vez se vió a una sociedad con la cabeza en alto, buscando en el
cielo lo que ven en películas como La Guerra de las Falacias, muy tierno ver
que la capital del montañero aún no haya perdido su capacidad de sorprenderse,
se le encontró explicación a por qué se creyó también en el segundo piso vial
de Luís Pérez o en la paz de la comuna 13.
Está
más que claro que lo único que se necesita para que una persona sin criterio se
crea una mentira es que se la digan; Al final resultó que no era una nave
espacial sino una cometa, así como resulto que los falsos eran positivos o que
Colombia es el “país” mas feliz del mundo; Si se cree en Álvaro Uribe, ¿Cómo no creer en OVNIS?
No importa cuántos mentirosos conformen una comunidad (gay o
no gay), lo preocupante son los crédulos, los que ven una corbata y creen que
hay talento, los que ven un billete y creen que hay alegría.
Una cometa se convirtió en la lección aprendida por nadie,
desde hoy, y al igual que ayer, todo promete seguir igual, dudar de sí mismo y
creer en disparates.
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