El cerebro del colombiano parece diseñado por los creadores
del comercial del Dolorán, funciona pero da lástima, condenado a ser igual por
el pánico a ser diferente.
Una sociedad que se prepara para memorizar fechas de reinados, campeonatos de fútbol y matrimonios de farándula es incapaz de generar su propio criterio; Lo que en la niñez llaman “El Coco”, en la adultez se conoce como “La opinión”.
Dejar de decir algo por el miedo a equivocarse y elegir
decir lo que ya está dicho hace pensar que en vez de lengua podríamos tener una
fotocopiadora.
Un país en el que no existe ni siquiera un Vicente a quién
seguir, nadie toma la iniciativa y se cometen los errores de ayer con la experiencia
al traste de hoy.
Si de tomar se trata, nunca se toma la palabra, acá sólo se
toma cerveza para dormir la lengua y morir virgen de boca.
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